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Corral del Agua en el Prado de San Sebastian en el año 1.963 |
Los orígenes de nuestra Feria se remonta a 1846, año en el que Narciso Bonaparte y José María de Ybarra firmaron una proposición pidiendo autorización para celebrar una feria anual.
Así, en 1847 se celebra la primera Feria de Abril, y desde entonces se ha convertido en la fiesta más emblemática de la ciudad. Centro de reunión de sevillanos en el que, durante una semana, la tertulia y los amigos se convierten en el centro de la vida de los sevillanos.
De gran colorido, cada año se realiza una portada de entrada al recinto que conmemora algún monumento de la ciudad de Sevilla. Originalmente se ubicó en el Prado de San Sebastián y ésta se traslada a los Remedios en 1973, hasta la actualidad.
En la primavera de 1942 se produce un hito en el Real, fundándose la caseta que entonces se llamaba "El Corral del Agua" y que estaba cerca del Pabellón de Portugal. Eran sus orígenes en El Prado, para pasar a llamarse posteriormente "El Cortijo del Agua".
Del Prado pasó a Los Remedio, y nuestra caseta siempre ha sido mirada como una de las niñas mimadas del Real, situada en un lugar idílico dentro del mismo corazón del Real de la Feria. Junto a la Caseta del Ayuntamiento, en la esquina de la Calle Juan Belmonte con la Calle Pepe Luis Vázquez.
El Cortijo del Agua posee un carácter en el que se mezcla la armonía, la elegancia y el estilo castizo sevillano, rebosando tradiciones por todos sus rincones. Este marco acogedor ha sido decorado desde sus inicios con un gusto exquisito y bohemio.
Durante el día, el murmullo permanente de la gente, y el paseo de caballos llena de vida nuestra esquina, que también nos ofrece cada año una bella estampa con el concurso de doma en la Calle Pepe Luis Vázquez. Una esquina abierta al exterior que nos permite disfrutar de sus idílicas vistas y nos embriaga con olores de aroma de azahar, pero que a su vez es capaz de ser un espacio íntimo y familiar en su interior.
Al mediodía hacemos una "paraita" para sentarnos a la mesa, reunirnos junto a los veladores, o en la barra con nuestros familiares y amigos, saboreando la exquisita gastronomía de nuestra caseta. Especializada en la auténtica cocina andaluza, con tapas que que quitan el "sentío" como los bartolitos, las berengenas rocieras, huevos de codorniz o un buen potaje, que la convierten en una parada obligada para socios y acompañantes.
Por la noche, la caseta se cambia de traje y se llena la inunda el bullicio, la alegría, y casi sin darnos cuenta se va engalanando de volantes y mantones. La fiesta se forma en cuaquier esquiena y en cualquier sitio baila una pareja, la noche huele a caldos del puchero con un chorreón de fino para enjuagar las gargantas ya maltrechas. Suenan los cantes por sevillanas con duende que nos regalan noche tras noche Guadalquivires.
Manolo Senén Modesto Juan Carlos Guadalquivires |
Después de muchos avatares y anécdotas que hemos pasado juntos, sigue siendo el punto de encuentro de distintas generaciones en el Real, mezclando la tradición y solera de nuestros mayores, con la alegría y complicidad de los más jóvenes, y la energía inagotable de los mas pequeños, pero manteniendo siempre el mismo señorío y saber estar de su gente. Y con una caseta que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su sabor castizo puramente sevillano, tanto en el fondo como en sus formas. Caracterizado por la hospitalidad y sevillanía de sus socios.
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Socios de la caseta en el "Pescaito" 2014 |
Es sólo una semana, ¡pero qué semana!, nada más bajarse el toldo de la caseta y apagarse las luces del Real tras los fuegos artificiales, ponemos el reloj de la cuenta atrás en marcha y esperamos ansiosos al año siguiente, para volver a reunirnos otra vez, y volverla a vivir como si fuera la primera vez..